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La ecología fue definida en 1866 por Erns Haeckel [1] ( ver también "Sites de Apoyo - Ecologia Química") como la ciencia que estudia interacciones entre los organismos, y entre los organismos y su ambiente. El estudio de las sustancias químicas mediadoras en las interacciones entre organismos es llamada Ecología Química. Según Feeny [2] las raíces de la Ecología Química pueden trazarse desde Theophrastus, naturalista griego, el cual en su libro "Investigaciones sobre plantas, libro IV, c.", que data del año 300 A.C., escribe: "Todos los árboles tienen vermes, pero algunos como el higo y la manzana tienen menos, y otros, como la pera, tienen más. Generalmente las frutas que son menos consumidas por los vermes son las que tienen un jugo acre amargo". Recién al final del siglo XVIII, las interacciones entre plantas e insectos comenzaron a ser estudiadas científicamente. El primer científico que realizó trabajos en el área de la ecología floral, la parte de la Ecología que trata el proceso de polinización de las flores, fue el alemán C. K. Sprengel. En 1793 escribió una obra importante [3], "El descubrimiento del secreto de la naturaleza en la morfología y fertilización de las flores", donde muestra por primera vez que, contrariamente a lo que se pensaba en la época, las flores no fueron concebidas por la naturaleza con la finalidad de embellecer, sino que poseen un papel importante en la reproducción de las plantas, a través de la producción de néctar y polen. Tal vez fue la lógica y no el azar lo que llevó a Sprengel, un autodidacta que se llamaba a sí mismo "botánico filosófico", a sugerir que la finalidad de la coloración y aromas de las flores era atraer a los polinizadores. El describe que ciertas flores oscuras (p.e. Stapelia, Figura 1), que poseen un aroma similar a la carroña (lo cual, obviamente, no se asocia con algo placentero para los seres humanos), atraen a ciertas moscas que generalmente se encuentran en la carroña. Al entrar en contacto con las flores, las moscas desempeñan el papel de polinizadores. Las ideas modernas de Sprengel fueron poco aceptadas por sus contemporáneos y sólo 70 años después, el propio Charles Darwin descubrió la gran importancia de su obra. En los albores del siglo XIX uno de los autores citados en la revisión de Feeny [2] como uno de los pioneros en señalar el papel de las sustancias químicas como mediadoras de las interacciones entre insectos y plantas fue A. P. de Candolle [4] (1778-1841). Este autor, profesor de Zoología de la Universidad de Ginebra, Suiza, publicó en 1804 un libro llamado "Essai. Sur les propietes médicinales des plantes, comparées avec leurs formes exterieures et leur classificationsn naturelles". En este libro A. P. de Candolle correlaciona el tipo de ataque de los herbívoros a las plantas con las clases de sustancias químicas contenidas en ellas. De Candolle diferenció herbívoros monófagos y polífagos, describiendo la monofagia como un extremo y mostrando que muchas especies de insectos se alimentan de géneros o familias específicas de plantas (oligofagia). El sabía que los animales domésticos son mayoritariamente polífagos y que ciertas características morfológicas de algunas plantas como la presencia de espinas o follaje duro podrían protegerlas de los ataques. También observó que los caballos no comen crucíferas (familia a la que pertenece la col). Su conclusión fue que "la nature ne semble-t-elle pas nous dire elle meme que les sucs des especes congéneres jouissent des propietes analogues!" y "les sucs secrétés par les plantes du meme genre ou de meme famille, sont doués des mémes propiétés limentaires", esto es, sustancias encontradas en grupos relacionados ( misma familia, mismo género) contienen propiedades similares. A.P. de Candolle estudió principalmente la interacción estrecha entre mariposas del género Pieres (Pieridae) y las plantas que son utilizadas por las larvas de estas mariposas, las crucíferas, sugiriendo que las sustancias químicas hoy conocidas como glucosinolatos estaban involucradas en esta especificidad. La afirmación hecha por de Candolle [4], de que los glucosinolatos estarían involucrados en la interacción entre mariposas del género Pieris y crucíferas, fue confirmada experimentalmente más de un siglo después por Verschaffelt [5]. Este autor demostró experimentalmente que la especificidad del huésped puede ser determinada por sustancias químicas presentes en las plantas. Verschaffelt verificó que las larvas de la mariposa de la col Pieris brassicae y P. rapae se alimentaban de hojas de otras plantas que habían sido tratadas con jugo de crucíferas, su planta huésped normal o habitual. El mismo efecto se obtenía cuando plantas no huéspedes eran tratadas con una solución pura de alilglucosinolato. Como la planta huésped de las larvas de Pieris contiene una variedad de glucosinolatos, Verschaffelt concluyó que la larva era "claramente atraída por ese tipo de sustancias". |