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Como ya dijimos, los infoquímicos entre planta y herbívoros recibieron una especial atención, sin embargo existen además otras interacciones que tienen como base el mutualismo. Dentro de este enfoque la polinización mediada por insectos y animales es una de las relaciones importantes. La comunicación química entre los polinizadores y las flores se inicia, en general, por los compuestos volátiles liberados, que señalan a las mariposas, abejas, moscas y abejorros la presencia de una recompensa (néctar, resinas, aceites), la cual es retirada por el animal que poliniza la flor. Por ejemplo, las flores de Clusia (Figura 4) producen aromas (normalmente ricos en mono y sesquiterpenos) que atraen abejas u otros insectos, y como recompensa ofrecen, frecuentemente una resina [32], en la cual predominan compuestos poliisoprenilados cuyas estructuras genéricas se indican en la Figura 5. Estas resinas [33] son empleadas por las abejas solitarias o sociales para construir y proteger sus nidos. La protección contra algunos microorganismos fue verificada a través de la actividad inhibidora de las resinas sobre el crecimiento de los mismos. Por otro lado, a través del aislamiento de hongos presentes en el cuerpo de abejas colectoras de resina fue posible observar que estas resinas auxiliaban en la selección de los microorganismos que conviven con las abejas. Asimismo, los hongos aislados de las abejas son resistentes a la acción antimicrobiana de las resinas florales, y producen sustancias bactericidas. Estas últimas observaciones llevan a creer que los hongos aislados son simbiontes y, junto con las resinas, protegen a las abejas del ataque de microorganismos patógenos. Este es un ejemplo donde la química (de los compuestos de tipo I y II) relaciona los reinos Plantae, Animalia y Fungi. En algunos casos la señal química y la recompensa para los polinizadores son una misma sustancia. Este es el caso de los aceites altamente aromáticos de las flores de varias orquídeas y de algunas otras plantas, recientemente observado en flores de Tovomita (Guttiferae) [34], los cuales son recolectados por machos de abejas de la tribu Euglossini (Figura 6). Los ejemplos anteriores pueden llevar a la conclusión errónea de que esas flores desarrollan y ofrecen resinas con el único propósito de atraer polinizadores. Sin embargo ésto no es así, Armbruster [35] demostró que en el género Dalechampia (Euphorbiaceae), la primera función de las resinas florales (compuestas por triterpenos) era de defensa contra herbívoros y/o microbios. Más tarde, con la evolución del género, la resina pasó a servir de recompensa para polinizadores. Este ejemplo demuestra cuán importante es el conocimiento de la filogenia del grupo de los organismos en estudio. En la ecología química, es necesario por lo tanto, entender tanto la evolución de los compuestos químicos, como la evolución de su interacción con los animales. Los ejemplos de infoquímicos que participan de interacciones no tróficas dentro del agua son más raros, reflejando la mayor dificultad de estudiar las relaciones entre los organismos en ese ambiente, pese a que la diversidad de sustancias en el mar y en las lagunas es comparable a la terrestre. Un ejemplo clásico de infoquímico de ambiente acuático es la (-) - sirenina 7, (Figura 7). Esta feromona sexual quiral es liberada por las gametas mononucleadas femeninas de los Allomyces macrogynus (hongo saprofito, presente en agua dulce, responsable de la degradación de residuos orgánicos), el cual atrae a las gametas masculinas en concentraciones de 10-10 M. Sólo el isómero levógiro es activo. Tan pronto la gameta masculina se aproxima a la gameta femenina, destruye la sirenina, cuyo nombre fue inspirado en la mitología griega, refiriéndose a las sirenas que atraían a los navegantes [36]. |